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Deep Love Sea [cap2] FIN


Título: Deep Love Sea
Fandom: Sobrenatural (Supernatural)          Pareja: Dean Winchester x OC
Autor: KiraH69 
Género: Slash
Clasificación: +18          Advertencias: Lemon, Tragedia, Violencia
Capítulos: 2 (2 de 2) FINAL
Resumen: Los hermanos Winchester acuden a un nuevo caso en California, alguna criatura está devorando humanos junto al mar. Dean tiene el presentimiento de que ya sabe qué criatura es y está deseando confirmarlo.


Capítulo 2

Al mediodía, los dos hermanos entraron en la habitación del nunmyo. Estaba tumbado en la bañera, llena casi a rebosar, completamente sumergido en el agua, salvo las puntas del extremo de su cola. Sus cabellos ondeaban suavemente y sus agallas se abrían y cerraban moviendo el agua a través de ellas para respirar.
Abrió los ojos, que parecieron destellar bajo el agua, y sonrió dulcemente al ver a Dean. Se incorporó y las agallas se cerraron, volviendo a respirar con sus pulmones.
—Buenos días—les saludó.
—Buenos días—Dean acarició sus cabellos y se inclinó para darle un beso. Sam contempló con incredulidad aquella escena—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien—se estiró, sintiendo todo su cuerpo entumecido por dormir en un lugar tan estrecho. De repente su estómago gruñó y sus mejillas brillaron un poco—. Bueno, tengo algo de hambre.
—¿Hace cuánto que no comes?—le preguntó Dean preocupado.
—Um… no he tenido mucho tiempo intentando vigilarlos a todos.
—Voy a conseguirte algo de comer.
—¿Vas a traerle un humano para que se lo coma?—dijo medio en broma medio en serio.
—Voy a la carnicería o pescadería más cercana. Tú quédate aquí y habla un rato con él, ¿quieres?
Dean salió de la habitación antes de que pudiera replicar. Sam bajó la mirada y se encontró con los ojos de la criatura fijos en él.
—Aún me ves como un monstruo, ¿verdad?—preguntó con una sonrisa triste.
—Lo eres.
—¿Porque soy diferente a ti?
—Porque has comido carne humana.
—Mm… Sí, tienes razón. Era muy pequeño, pero lo hice.
—¿Por qué lo hiciste?
—Porque era comida y mis hermanos también comían. En aquel momento no era nada terrible, solo animales de los que alimentarse.
—¿Y ahora sí es terrible? ¿Por qué?
—Porque es casi canibalismo.
Sam se quedó sorprendido ante su respuesta. Gyobi le señaló la banqueta del baño para que se sentara y Sam lo hizo, a un metro de la bañera. El nunmyo se incorporó, apoyándose en el borde de la bañera.
—En mi familia se cuenta una historia, dice que hace muchos miles, miles de años nuestros antepasados vivían en la tierra, habitaban y cazaban en la superficie. Llegó un momento en que una parte de aquella familia se separó y comenzó a habitar en el mar y su cuerpo con el paso del tiempo cambió hasta el que ahora tenemos. Algunos creen que esta realmente es la historia de nuestros orígenes, otros piensan que es solo un mito. Nadie le presta realmente atención. Sin embargo, una vez estaba cerca de la superficie, escuchando a unos científicos que investigaban el océano. Hablaban de la evolución y de las mutaciones. Entonces me percaté de algo. ¿Qué fue de la otra parte de la familia que permaneció en tierra? Me di cuenta de que esa parte de la familia que se había quedado viviendo en la tierra había evolucionado hasta convertirse en los humanos actuales.
—¿Estás diciendo que procedemos del mismo eslabón?—no podía creer lo que oía, no era más que un monstruo.
—Evolucionamos de forma diferente en diferentes entornos, pero nuestras similitudes son las suficientes como para pensar que tenemos un origen común. Sé que, si seguimos remontándonos en el tiempo, todos los animales del planeta descendemos de las mismas criaturas; pero creo que los humanos son nuestros hermanos más cercanos.
—Eso… eso es ridículo... ¡No somos hermanos ni nada parecido!—gritó molesto—. No creo nada de lo que dices, si fueras un ser de este mundo no podrías transformar tu cola mágicamente en piernas.
—¿Mágicamente? No es nada de eso—en ese momento Gyobi transformó su cola en un par de piernas y se puso en pie—. Aunque lo parezcan, no son piernas humanas. Mi cola está compuesta por dos tiras de huesos cartilaginosos con varias articulaciones; los músculos y la piel se adaptan para tomar la forma de piernas.
—Uh…—Sam las observó por un momento y rápidamente desvió la mirada ya que estaba completamente desnudo.
—Sam, no necesito caerte bien, a quien quiero es a Dean. Solo me gustaría que no discutierais por mi culpa y que no intentaras matarme, nada más.
Sam miró fijamente su serio rostro. Seguía pensando que era un monstruo, pero no lograba percibir lo mismo que solía sentir ante la presencia de otros monstruos. Ni siquiera sentía miedo de que le atacara.
—¿Cómo llegaste a esta relación con mi hermano?
—Era una situación parecida a esta. Mis hermanos vinieron para intentar cazar humanos y yo les seguí para evitarlo. Al principio, Dean creía que yo era como ellos, pero finalmente se dio cuenta de que estaba intentando proteger a los humanos y… bueno, pasaron cosas, hablamos y acabamos así.
—¿Y eso es normal? ¿Acostarte con un humano, y un hombre además?
—Mm… No, realmente no tenemos permitido relacionarnos con humanos, pero en mi familia ya no me apreciaban antes así que no me importaba lo que pensaran. Que sea un hombre no tiene importancia. En mi especie, cuando las hembras están en celo ellas escogen a los machos más adecuados para aparearse. El resto del tiempo estás con la persona que amas, sin importar si son hombres o mujeres.
—¿Amas a Dean?
Gyobi le miró sorprendido.
—Claro—respondió como si fuera algo obvio.
Sam se quedó sin palabras. Aquella criatura estaba enamorada de su hermano, o eso decía, y parecía completamente sincera.
La puerta de la habitación se abrió y Dean entró a toda prisa con una bolsa de plástico en la mano.
—¿Seguís vivos los dos?—iba casi jadeando, se había dado prisa por si las cosas se ponían tensas entre ellos.
Sam salió del cuarto de baño en silencio. Dean le miró con el ceño fruncido, preguntándose qué habría pasado allí, pero enseguida volvió su atención al nunmyo, de pie en la bañera.
—Te he traído unos filetes de ternera, los que te gustan—le dijo entregándole la bolsa.
—¡Gracias! Aún te acuerdas.
—Por supuesto—acarició su rostro y le dio un largo beso. Cuando se apartó, las mejillas de Gyobi brillaban ligeramente—. Come tranquilo, voy a hablar con Sam.
Mientras Gyobi devoraba los filetes, desgarrándolos con sus afilados dientes, Dean pasó a la habitación y se sentó en la cama junto a su hermano.
—¿Qué? ¿Ya te cae mejor?—le preguntó despreocupadamente.
—No tiene que caerme bien a mí, está enamorado de ti, según él—miró de reojo a Dean, esperaba su reacción, y lo que vio fue una suave sonrisa y una expresión casi ensoñadora que jamás había visto en él.
—Tiene razón, no hace falta, pero me gustaría.
Cuando Gyobi salió del cuarto de baño, Dean se levantó de la cama y le ofreció su sitio, pero el nunmyo se quedó de pie, sabiendo que Sam se sentiría incómodo.
—¿Cuál es el plan ahora?—preguntó Sam. Se levantó de la cama, incómodo por tener a la altura de sus ojos la entrepierna desnuda de la criatura—. ¿Vamos a matarlos?
Gyobi se sacudió y dio un paso atrás ante esa pregunta.
—Me… me gustaría evitar eso.
—Tranquilo, haremos todo lo que podamos para que nadie muera—le aseguró Dean, rodeándole los hombros con un brazo.
—Sé que habrá que usar la fuerza, pero creo que, simplemente oponiendo la suficiente resistencia, se marcharán. No querrán seguir con esto si es arriesgado para sus vidas.
—¿Estás seguro de eso?—soltó Sam con una risa burlona.
—No, pero querría darles una oportunidad—le miró con expresión suplicante.
—Han matado a seres humanos, se han alimentado de seres humanos. Si puedo disparar a matar, lo haré—respondió tajante.
—¡Sam!—gritó Dean.
—Es-está bien—Gyobi evitó que comenzara a discutir tan solo poniendo una mano sobre su brazo—. Me esforzaré para conseguir que se marchen antes de que tengas oportunidad.
—¿Qué crees que van a hacer?—le preguntó Dean.
—No puedo estar seguro, pero supongo que intentarán cazar de nuevo. Creo que lo mejor sería separarnos y vigilar diferentes zonas.
—Bueno, aún quedan unas horas para que anochezca así que tenemos tiempo para… Sam, ¿te importa ir a dar una vuelta?—le pidió sonriente.
—¿Estás bromeando?—frunció el ceño, sin poder creer que estuviera pensando en eso en un momento como aquel.
—Jamás bromearía con un tema tan serio, pero si quieres quedarte es cosa tuya. Eso sí, más vale que no interrumpas.
Rodeó la cintura del nunmyo con un brazo y le besó sin previo aviso. Sam les miró sorprendido un momento y enseguida salió a toda prisa de la habitación, no quería ver más ni que su imaginación le traicionara.
—D-dean…—a Gyobi le resultó difícil romper el beso.
—¿Qué pasa? ¿No quieres?
—¡Sí quiero! Pero… no deberías echar a tu hermano así.
—Lo siento por él, pero tal como estoy no puedo perder el tiempo siendo educado—tomó la mano palmeada y la presionó contra su entrepierna.
Gyobi pudo notar la prominente erección bajo los pantalones. Aún no habían hecho nada y ya estaba así. Apretó los muslos excitado. Llevó las manos al cinturón y lo desabrochó. Dean sonrió.
—Oye, ¿me dejas follar tu cola?—le susurró al oído.
Las mejillas del nunmyo se iluminaron. Agachó la cabeza y se acercó a él hasta que sus cuerpos se tocaron. Dean le agarró por las nalgas y le tumbó en la cama. La criatura transformó sus piernas, recuperando su cola. El cazador la observó sonriente; brillante y de suaves formas curvas le resultaba irresistible. Se arrodilló sobre él y recorrió su cuerpo muy lentamente con su mirada. Gyobi se cubrió el rostro con las manos. Aunque aquella era su forma natural, Dean conseguía que se sintiera avergonzado con su mirada lasciva.
Deslizó las manos por su vientre y acarició sus caderas. La aleta del extremo se sacudía inquieta. Bajó presionando con los pulgares por el centro de la cola hasta que dio con dos agujeros ocultos. Deslizó un par de dedos por el superior, mientras Gyobi gemía, y sacó el miembro que ya se ponía erecto.
—Aún me sorprende que puedas ocultar esto ahí—rió Dean, frotando con su mano el pene húmedo—. Y aquí abajo hay un agujero aún mejor.
Abrió con los dedos de la otra mano el orificio inferior, unos diez centímetros más abajo. Húmedo y caliente, increíblemente suave. Era su ano, pero no se diferenciaba mucho de la vagina de una mujer. Aunque ahora por fuera tuviera otro aspecto, era el mismo agujero por el que le había penetrado antes, pero era excitante hacerlo en aquella forma. Separó los bordes con los dedos, los acarició, introdujo un par de dedos y volvió a sacarlos. No necesitaba dilatarlo, simplemente le ponía cachondo jugar con él mientras los gemidos comenzaban a recorrer la habitación.
—Mh… Cuando haces esto siento que mi cuerpo es sucio—le dijo Gyobi, cubriéndose los ojos con las manos, completamente expuesto en aquella forma.
—Tu cuerpo no es sucio, solo el más lascivo y pervertido que he visto nunca—respondió, arrastrando las palabras para que quedaran grabadas.
Gyobi se sacudió sorprendido. Se dio media vuelta, tumbándose boca a abajo y ocultando su rostro brillante en la almohada.
—Oh, vamos, no te enfades—intentaba no reír, le parecía demasiado adorable. Acarició casi con ternura sus caderas y lo que habría sido su trasero—. Venga, date la vuelta. Así no puedo hacerte nada, lo tienes todo delante.
—¡Mm! Primero quítate la ropa—gruñó. No era justo que él mostrara todo su lascivo cuerpo y no pudiera ver el de Dean. Sacudió la cola y se lo quitó de encima.
—Vale, vale, si ese es el problema, no hay problema.
Se levantó de la cama y, sabiendo que le miraba de reojo, se quitó lentamente la ropa, primero la camiseta, luego los vaqueros y por último la ropa interior. Quedó completamente desnudo, como el nunmyo. Su verga estaba erecta y palpitaba. Cuando Gyobi lo vio salivó.
—¿Así te gusta?—le preguntó con los brazos extendidos.
Gyobi no dijo nada, tan solo se tumbó boca arriba, dejando visible su miembro también duro.
—Sigo sin comprender por qué lleváis ropa.
—Yo tampoco lo entiendo. Aunque admito que me gustaría que la llevaras cuando está Sam.
—¿Hm? ¿Por qué?—preguntó sin comprender.
—Bueno, porque… estás desnudo.
—Siempre estoy desnudo.
—Sí, pero…—sabía por qué, pero no quería admitirlo, no podía admitírselo a sí mismo—. No importa, es una tontería.
Gyobi iba a replicar, pedirle una respuesta, pero cuando el cazador se arrodilló sobre él, se quedó sin palabras. Su musculoso cuerpo moreno esculpido en batallas como un guerrero, el guerrero que era, se erguía imponente sobre él, con el falo erecto listo para luchar. Una corriente invadió su cuerpo, como si nadara junto a anguilas, estremeciéndolo de la cabeza a la aleta. Era mucho más fuerte que ese humano y aun así se sentía completamente sumiso. Tragó saliva. Deslizó las manos por su propio vientre, envolviendo una alrededor de su miembro y llevando la otra hasta el orificio inferior. Lo abrió con sus dedos, produciendo un sonido húmedo.
—Entra—le pidió, con sus mejillas aumentando de brillo, más por excitación que por vergüenza.
Dean se inclinó sobre él y frotó el miembro contra la suave piel alrededor del orificio, moviendo sus caderas como si ya lo estuviera penetrando. Era estimulante, toda aquella zona era muy sensible, y estaba tan caliente que podría correrse solo con eso, pero quería más.
—Dean… deja de jugar…—le suplicó, sujetándose a sus caderas.
—Quería verte llegar al orgasmo sin tan siquiera entrar o tocar tu polla—se encontraba en una posición algo extraña para él, normalmente eran las chicas las que se le sentaban a horcajadas encima. Tuvo la sensación por un momento de que era él quien iba a ser penetrado y pensó que, si era con Gyo, no le importaba. Luego miró su rostro, sus ruborizadas mejillas y sus ojos acuosos. No, era él quien iba a penetrarlo, quien iba a tomarle y a hacerle gemir en sus brazos.
—Nn… Si lo haces no te dejaré entrar después.
—Vale, como prefieras—con una gran sonrisa en su rostro, Dean presionó la punta de su miembro contra el orificio.
—Nnha… Ah…—Gyobi gimió, mirando fascinado cómo la verga le penetraba con frustrante lentitud—. Más profundo… más profundo… Nnh…
—Hasta el fondo.
De una embestida lo penetró por completo, arrancando un profundo gemido de la criatura. El caliente interior lo abrazó con fuerza, adaptándose perfectamente a su forma. Gyobi temblaba, con las manos entrelazadas sobre su pecho. Sentía que su cuerpo se reducía a aquella parte, o más bien que aquella parte se convertía en todo su cuerpo, la sensación de ser penetrado se extendía a cada fibra de su ser.
—Me pregunto si lo único que te gusta de mí es mi polla. Sé que puedes correrte solo con penetrarte así que tal vez no necesites el resto de mí.
Gyobi le miró confuso y extendió los brazos hacia él.
—Ni… ni siquiera necesito que me penetres para correrme, ya lo sabes, cualquier cosa que me hagas es suficiente. Pero yo quiero que me toques y que me beses. ¡Quiero más!
—Qué avaricioso—rió Dean, tomando las palmeadas manos entre las suyas.
Besó sus largos dedos, uno por uno, lamiendo la fina membrana entre ellos. Sentía que las paredes internas se estrechaban sobre su verga y sabía que Gyobi lo estaba disfrutando. Siguió subiendo por la palma de su mano y por su muñeca, y los dedos acariciaron sus cabellos, fascinados por la extraña textura del pelo humano. Continuó por el brazo, besando y mordiendo suavemente la salada piel, llegó hasta su hombro y se entretuvo en su cuello. Las zonas erógenas de los nunmyo no eran muy diferentes a las humanas y conocía el cuerpo de Gyobi a la perfección. La criatura se abrazó a él mientras dejaba chupetones en su clavícula, que desaparecían casi al instante, y lamía sus agallas cerradas, probablemente la zona más sensible. Mordió con cuidado justo al borde de ellas y el húmedo cuerpo se agitó bajo él, presionando con fuerza el miembro en su interior, y un acuoso gemido recorrió como una onda la habitación. Dean se incorporó, algo había salpicado su vientre. El semen de la criatura manchaba a ambos. No pudo disimular una gran sonrisa en el rostro. Ciertamente no necesitaba penetrarle para conseguir que se corriera, unos besos eran más que suficiente.
—Pececillo pervertido—se burló, besando su brillante mejilla—. Has estado a punto de conseguir que yo también me corriera. Tu cola está tan caliente que va a derretirme.
—Nn… nh… Es tu culpa… Yo no soy así si no estás tú…
—¿Eso significa que quieres que me vaya?
—¡No! Yo quiero que te quedes, quiero estar siempre contigo—le miraba con ojos llorosos—. No me importa ser así si estoy contigo.
Dean sintió un intenso dolor en el pecho. Fue como una puñalada. Sabía que Gyobi no le estaba pidiendo nada, que solo estaba expresando con total sinceridad sus deseos, pero resultaba terriblemente doloroso porque también era su mayor deseo, había sido su deseo años atrás y seguía siéndolo ahora. Se había imaginado a sí mismo en innumerables ocasiones transformado en un nunmyo y viviendo con Gyobi en las profundidades del océano –y durante un tiempo incluso había buscado la forma de conseguirlo–; en otras tantas ocasiones había imaginado a la criatura viviendo con él en tierra, sin que la gente se fijara en su extraño aspecto, una vida tranquila en una casa junto a un lago o una vida cazando monstruos –¿Qué monstruo se les podría resistir con la fuerza del nunmyo?–, daba igual, cualquier tipo de vida a su lado habría sido feliz. Pero ambos sabían que era algo imposible y ni tan siquiera lo habían mencionado en su despedida, asumiendo como inevitable su separación; y volvería a repetirse, por muchas palabras bonitas que se dijeran en la cama.
Se inclinó de nuevo y le abrazó, besando su mejilla y sus labios, fundiéndose en un largo y profundo beso, jugando seductoramente con sus lenguas, tan intenso que les hacía gemir a ambos.
—Gyo…—jadeó cuando al fin consiguió romper el beso a pesar de la reticencia de la criatura—. Gyo, yo… yo…
Los ojos rosas le miraron, nublados por la excitación, pero supo que le entendía, que sabía lo que quería decirle pero no podía porque haría aún más dolorosa la despedida. La hermosa criatura acarició su rostro dulcemente y sonrió; besó su frente y le abrazó con ternura. Envuelto en su olor y la suavidad de su piel y sus formas, Dean sintió que estaba sumergido en el océano, en unas aguas cálidas y tranquilas, acogedoras.
Se incorporó bruscamente, sacudiendo la cabeza. No podía permitir que esa sensación lo absorbiera o acabaría teniendo más fuerza que su razón, y su razón le decía que tenía que reducir aquello a un mero acto sexual.
—¿Dean? ¿Sucede algo? ¿Hice algo malo?—le preguntó con expresión preocupada.
—No, no, no hiciste nada malo, no pasa nada. Querrás que terminemos antes de que anochezca, no sería bueno quedarnos a medias.
A Gyobi, quien jamás había mentido ni comprendía el sentido de las mentiras, no le resultaba difícil saber cuándo un humano le mentía, aún menos cuando lo hacía Dean. Pero si Dean le mentía sería por una buena razón así que guardó silencio y su expresión se tornó algo triste. Dean se dio cuenta de inmediato y se sintió culpable.
—Gyo, lo siento, no… Yo no quería…—era frustrante, ¿por qué todo se estaba estropeando? Solo por su estupidez, por su miedo. Salió de su interior y se bajó de él, sentándose al borde de la cama, con la cabeza hundida entre las manos.
—Tranquilo, podemos seguir, no tienes que explicar nada—Gyobi se incorporó y se arrastró hasta él apoyándose en las manos.
—No, escucha, yo…—se dio la vuelta y le rodeó la cintura con un brazo, atrayéndolo hacia sí. Miró sus ojos sorprendidos y el miedo se mezcló con un increíble deseo de decirlo—. Gyo, te quiero, te amo.
Probablemente las palabras más sinceras y profundas que habían salido de su boca.
—Lo sé.
—Lo sabes, pero yo nunca te lo he dicho. Es ridículo porque me doy cuenta de lo evidente que es, pero sentía que diciéndolo, que admitiéndolo sería todo más doloroso. Pensaba que ignorándolo, fingiendo que no era así podría conseguir que realmente no lo fuera, que despedirnos de nuevo no sería tan doloroso.
—Aún no tenemos que despedirnos.
—Pero solo puedo pensar en eso, en que el momento llegará demasiado pronto. Y cada segundo que paso contigo me enamoro más y más, y por lo tanto el adiós será más doloroso. Temo que llegue un momento en que sea simplemente imposible despedirnos.
—¿Deberíamos dejar de hacer esto entonces?
—Imposible—rió como si fuera algo totalmente absurdo—. Al mismo tiempo que tengo miedo de enamorarme más de ti, sería incapaz de controlarme teniéndote tan cerca. Si lo intentara, acabaría lanzándome sobre ti en cualquier lugar, delante de cualquier persona, cuando mi cerebro cediera todo el control a mis instintos. No, intentar no tocarte cuando te tengo a mi lado es sencillamente imposible—acarició y besó con dulzura sus mejillas iluminadas. Sabía que estaba feliz, que se sentía dichoso en ese momento, porque él también lo amaba, quizás incluso con más intensidad—. Lo que necesito saber es cómo puedes soportarlo tú. Cómo soportaste nuestra despedida y cómo puedes estar tan tranquilo sabiendo que pronto nos despediremos de nuevo.
Gyobi le miró con esa dulce expresión en su rostro que conseguía que el propio Caos se calmara y el dolor que sentía en el pecho pareció disiparse como si nunca hubiera estado ahí.
—Dean, yo no lucho contra el amor que siento por ti. Lo acepté y te acepté a ti como la única persona a la que amaré en mi vida. Nuestra despedida fue lo más doloroso que he vivido nunca y probablemente esta lo vuelva a ser, pero los días que pasamos juntos también fueron los más felices y pienso en ellos cuando me siento triste o te echo de menos, y atesoro mi amor por ti porque es una sensación muy cálida y agradable que consigue hacerme sonreír.
Dean le observaba ensimismado. Para su propia sorpresa, podía entender lo que decía, él tenía esa misma sensación cálida y agradable cada vez que estaba con él y cada vez que pensaba en él. Había intentado olvidar el amor que sentía por aquella maravillosa criatura porque jamás podría estar con él, pero ese había sido su error. Aunque no volvieran a verse nunca, tenía que atesorar ese sentimiento, sería una de las pocas cosas buenas que tendría en aquella terrible vida que llevaba y nadie podría quitárselo.
—Te amo, Gyo.
—Te amo, Dean. ¡Wah!—Gyobi exclamó sorprendido cuando el cazador se lanzó sobre él tumbándolo en la cama.
—Entonces vamos a crear más recuerdos para cuando nos echemos de menos—volvía a recuperar su expresión pícara de siempre.
—Oh, ¡sí!
Sin esperar más, se besaron profundamente. Dean le había dado su primer beso y también le había enseñado a besar así que era un acto perfecto, al menos para su gusto. Aunque lo que más disfrutaba era saber que había sido el primero y el único hasta entonces (y probablemente por siempre).
Dejó sus labios y bajó por su barbilla y lamió sus branquias. La criatura se estremeció y se abrazó a él, pero no iba a detenerse ahí. Descendió con intensos besos por su pecho y su vientre hasta que la delgada verga aún erecta rozó su cuello. La tomó con ambas manos y selló sus labios alrededor de la punta.
—¡Hya! No, Dean, si haces eso voy a correrme otra vez antes de que tú lo hagas.
—No pasa nada, sé que puedes correrte mucho más así que no te contengas—habló tan cerca del miembro que su aliento rozó la punta y palpitó.
Lamió la erección de arriba a abajo, con la punta de su lengua jugueteando con el frenillo o succionando el suave glande que ya goteaba, mientras Gyobi se aferraba a las sábanas e intentaba contener los gemidos. Lo dejó en su máximo esplendor, atendiéndolo solo con una mano para llevar su boca a otro lugar. Bajó besando su cola unos centímetros hasta que su lengua dio con la entrada oculta.
—¡Espera, no tienes que hacer eso, no hace falta!—quería detenerlo desesperadamente, no podría aguantar si hacía aquello.
—Lo sé, pero te gusta—rió al levantar la mirada y ver las brillantes mejillas.
Lamió y besó los bordes del orificio para después introducir su lengua en la húmeda cavidad. Un gemido inundó la habitación y la cola se sacudió entre sus piernas. Exploró el interior tan profundo como podía, abriendo un poco la cavidad con el pulgar de la mano que tenía libre. Una mano se apoyó sobre su cabeza, presionándolo contra la entrada para que fuera más profundo, pero en seguida se apartó, temiendo molestarle. Gyobi se cubrió la boca, sus gemidos serían demasiado fuertes porque aquella sensación le resultaba demasiado extraña; sí era placentera, pero también enviaba sacudidas por su columna y provocaba que todo su cuerpo quisiera sacudirse y tenía que controlarse para permanecer quieto.
No habría necesitado que tocara su miembro, cuando Dean succionó su agujero ya no pudo resistirlo más y volvió a eyacular, sacudiendo fuertemente la aleta caudal contra la cama. El golpe hizo eco en la habitación junto con sus gemidos.
—Sabía que mi memoria no fallaba. Esto es lo que más loco te vuelve—le dijo sonriente, erguido sobre él y relamiéndose los labios.
Gyobi le miró con la boca abierta, la respiración agitada, las mejillas brillando y los ojos llorosos. Una visión demasiado erótica, la de ambos. El miembro de Dean estaba erecto, en su plenitud, y no esperó a que la criatura se recuperara, no era necesario. Se colocó en posición y deslizó la punta dentro, para después penetrarlo por completo de una embestida. Estuvo a punto de correrse solo con eso y con la expresión de placer en el rostro de su amante. No, la palabra amante no resultaba apropiada en esa ocasión, sonaba a algo frívolo y superficial, pero aquello no era simple sexo, ellos estaban haciendo el amor porque, como había dicho su hermano, se amaban.
Comenzó a balancear sus caderas adelante y atrás, con un ritmo suave y constante, llegando hasta lo más profundo con cada estocada. El interior era estrecho, pero no oponía ninguna resistencia cuando avanzaba en él, se abría adaptándose a su verga como si fuera un guante de látex, completamente lubricado. Gyobi se sentía flotando. Aunque estaba fuera del agua y su piel poco a poco se estaba secando, sentía estar en medio del océano. No existía la cama bajo su espalda ni el aire áspero, solo la corriente de agua que sentía atravesando todo su cuerpo cada vez que Dean le penetraba. Se abandonó por completo a aquella sensación, olvidándose de contener los gemidos o de sentirse avergonzado, solo dejaba que fluyera. Con la mente aturdida, sintió los musculosos brazos rodear su cuerpo mientras el ritmo aumentaba, una ardiente respiración fundirse con la suya, besos en su rostro y el aliento en su cuello, para finalmente sentir una espesa y cálida corriente –no de agua esta vez– llenar su interior.
De repente, la fría sensación del agua real le sobresaltó y le despertó por completo. Estaba en la bañera, con el grifo abierto y el agua cayendo sobre él desde la ducha. Dean estaba sentado a su lado en el borde de la bañera, desnudo, acariciando sus cabellos y mirándole con preocupación.
—Lo siento, no debería haberte tenido tanto tiempo fuera del agua.
—Ah… No… Está bien, no ha pasado nada.
Aquella extraña sensación de ausencia, de estar flotando, había sido provocada no solo por el sexo sino por la falta de agua. Había sido algo así como asfixia erótica. Normalmente aguantaba mucho más fuera del agua, pero el calor y agitación del sexo, el haber pasado horas en una bañera sin sumergir por completo su cuerpo, el cansancio tras pelear y apenas haber comido le habían pasado factura.
—Descansa, aún queda un rato para que anochezca—le acarició la cabeza peinando sus cabellos. Ahora se arrepentía de lo que acababan de hacer –por mucho que lo hubiera disfrutado–, Gyobi no se veía en condiciones de poder pelear—. Te traeré algo para que comas antes de salir.
Gyobi salpicó el agua de la bañera al incorporarse para sujetar a Dean por la muñeca cuando iba a marcharse.
—¿Dean?—le miró con expresión preocupada, asaltado de repente con un sentimiento de miedo ante la actitud del cazador.
—Tranquilo, no…—iba a decir la frase de siempre, «no pasa nada», pero con él no funcionaría. Volvió a sentarse en el borde de la bañera y se inclinó para darle un pequeño beso—. Estoy algo preocupado por ti, creo que me he excedido y ahora no tienes fuerzas, no sería bueno que pelearas esta noche.
—Debo hacerlo. No estoy en tan malas condiciones como crees—le rodeó la cintura con los brazos y le miró con una suave sonrisa—. Sabes que me recupero rápido, solo necesito comer un poco y en cuanto me meta al mar estaré mejor.
—¿Estás seguro?
—Sí, y pase lo que pase tengo que estar ahí esta noche, tengo que detenerlos.
—Entonces descansa. Volveré luego con comida—le dio un beso en la frente y se marchó de la habitación.
Gyobi se sumergió en el agua. Se sentía triste por haber preocupado a Dean. Él no tenía la culpa y no se arrepentía en absoluto de lo que habían hecho. Aún podía sentir la simiente en su interior.


Aún no era de noche, pero el sol ya había bajado lo suficiente para no resultar demasiado molesto. Los nunmyos aún no atacarían, esperarían a que fuera completamente de noche para no ser vistos por demasiada gente, aún tenían cierta cautela; pero Gyobi podría aprovechar ese tiempo para recuperarse en el mar. Los hermanos se dirigieron en el coche a la playa, con el nunmyo en el asiento trasero cubierto con una manta. Todavía quedaban algunas personas por el paseo y la playa, pocos para lo que era habitual. Consiguieron escabullirse cerca de las rocas y Gyobi se deslizó en el agua tan rápidamente que apenas pudieron verlo.
—¿Ahora qué?—preguntó Sam mirando a su hermano unos pasos por detrás.
—A seguir el plan.
—Imagino lo que vas a decir, pero piénsalo bien, ¿realmente confías en él?
Dean se giró y le miró con la expresión más seria que había visto nunca.
—Confío en él más que en nadie.
Sam se sorprendió, era una respuesta muy tajante. Dean pasó a su lado regresando al paseo. Cada uno fue a una de las playas. La poca gente que quedaba pronto fue desapareciendo, nadie quería estar en la costa tras la muerte salvaje de aquellas personas y tras la misteriosa pelea en el faro la noche anterior.
Su mayor preocupación era la policía, que estaba patrullando la zona. Ambos vestían sus trajes del FBI, pero si comenzaba la acción, podrían entrometerse y complicar demasiado las cosas.
El tiempo transcurría sin que sucediera nada. Dean estaba más inquieto a cada segundo que pasaba sin saber nada de Gyobi. No podía saber qué sucedía bajo el agua, quizás ya estuvieran peleando, quizás ya... No, no debía pensar en eso, tenía que ser optimista y confiar en él. Y aun así no dejaba de otear el mar preocupado, esperando ver el brillo de su piel o sus ojos en el agua.
Bajo el agua, Gyobi recorría la costa de la ciudad. Se sentía aliviado por estar de nuevo en el mar. Como esperaba, su cuerpo comenzó a recuperarse rápidamente y aprovechó también para comer algún pececillo que otro, aunque cuanto más cerca de tierra estaban, peor sabían. Cuando los últimos rayos de sol desaparecieron por el horizonte, Gyobi pudo sentirlos. Se acercaban. No hablaban entre ellos, pero podía escucharles nadar. ¡Un momento! Todos, los 11, se dirigían hacia él. Tuvo un terrible presentimiento. No iban a cazar, al menos no humanos.
Se apresuró en salir del agua; siendo el único acostumbrado a estar en tierra tendría algo de ventaja, y la necesitaba. Dean pudo verle a lo lejos, estaba en la otra punta de la playa, y echó a correr de inmediato hacia él. Apenas había recorrido unos metros cuando otras criaturas surgieron del agua. Se dio cuenta de inmediato de que eran demasiadas, ni siquiera Gyobi podría con ellas. Sacó la pistola y corrió tan rápido como pudo.
En la oscuridad sobre la arena de la playa, inmóviles, las figuras de los 12 nunmyos parecían casi humanas. Gyobi estaba rodeado por los demás. Su corazón latía acelerado, no sabía cómo iba a salir de aquello.
—Márchate y déjanos comer—le dijo una de las criaturas con tono amenazante.
—Las normas de-
—¡Deja de citar las normas!—su grito resonó a lo largo de toda la playa—. Esas normas ya no tienen sentido, se hicieron para evitar que los humanos nos descubrieran e intentaran acabar con nosotros, pero los humanos van a desaparecer, ya no debemos tenerles miedo.
—Esa no es la única razón por la que no deberíamos-
—¿Te refieres a esa teoría tuya de que descendemos de la misma especie?—interrumpió otro de los nunmyos—. ¡Hasta los ancianos se ríen de ti cuando hablas de eso!
—Gyobi, no tienes ningún derecho a detenernos y si te empeñas en proteger a los humanos…
La criatura dio un paso hacia delante. Gyobi no se movió, pero su cuerpo se puso tenso.
—No queremos hacer esto. Márchate.
—Haré lo que debo hacer.
Apenas pronunció estas palabras, la arena alrededor de ellos se levantó en una gran nube. Sus hermanos se abalanzaron sobre él y las garras y dientes comenzaron a desgarrar la carne. Huesos rotos, golpes que aplastaban órganos, sangre brotando y esparciéndose por la arena, gritos bestiales que retumbaban en toda la playa.
Cuando Dean llegó, pistola en mano, dispuesto a dispararles a todos a pesar de que Gyobi le odiara por ello, todos se habían detenido de repente. Retrocedían con expresiones estupefactas, salvo dos criaturas que permanecían juntas e inmóviles. Una de ellas era Gyobi. Dean se temió lo peor.
Lentamente una de las criaturas cayó al suelo hasta que su cuerpo quedó tendido sobre la arena. Una gran herida sangraba profusamente en su pecho. El otro nunmyo quedó en pie, con la mano derecha ensangrentada. Inmóviles en un profundo silencio, las once criaturas en pie parecían estatuas. Ninguna de ellas podía creer lo que estaba sucediendo. Gyobi cayó de rodillas frente al cuerpo inerte de su hermano, con su mano ensangrentada temblando. La sangre estaba caliente, quemaba entre sus dedos. Su cuerpo estaba entumecido, ni siquiera podía sentir las decenas de heridas que lo recubrían.
Otra de las criaturas se acercó, balanceándose tambaleante como si se encontrara en un sueño, y levantó el cadáver en sus brazos. Se dio media vuelta y se dirigió al mar. Las otras criaturas lo siguieron y una tras otra desaparecieron en el agua. Solo quedó Gyobi, arrodillado en la arena.
Dean saltó por encima de la barandilla del paseo y corrió hasta Gyobi. Se arrodilló a su lado, pero cuando vio su expresión desencajada y ausente no se atrevió a tocarle.
—Gyo…
Al oír su voz, el nunmyo levantó la vista y pareció volver en sí.
—Dean…
—Sí, tranquilo, está bien, todo irá bien—le dijo con voz suave, acariciando con ternura su cabeza.
Por una vez, la mentira resultó reconfortante. Dean le rodeó con sus brazos y Gyobi hundió la cabeza en su pecho. Su cuerpo temblaba y las lágrimas ardieron tras sus ojos, pero las contuvo, las guardó para otro momento más adecuado en el que no estuvieran en peligro.
—Dean, debemos irnos, se acercan humanos—deseaba más que nada ese abrazo, lo único que podía ofrecerle algo de consuelo en aquella situación era sentirse en los brazos del cazador, pero temía por él, no quería poner en riesgo también su vida.
—Está bien, vamos—chasqueó la lengua molesto, no tenían otro momento para aparecer—. Nos reuniremos con Sam en el faro.
Envió un mensaje con el móvil y recorrieron la playa pegados al muro del paseo para que les ocultara de la vista de quienes estuvieran arriba. Cuando llegaron al faro, Sam ya estaba allí esperándolos.
—¿Qué ha pasado?—preguntó preocupado, viendo las heridas que recorrían el cuerpo del nunmyo y la sangre en su mano que también manchaba la ropa de su hermano.
—Se acabó, se han marchado—le respondió Dean.
—¿Cómo estás tan seguro? Podrían volver en cualquier momento o atacar en otra zona.
—Porque he matado a uno de ellos.
Pareció que sus palabras conseguían que incluso el mar guardara silencio. Habría preferido que fueran acalladas por el rugido de las olas chocando contra las roca porque oír el acto atroz que había cometido de sus propios labios se sintió como un puñal al rojo vivo en su pecho, aunque era lo que se merecía. Dean se acercó a él, pero antes de que pudiera tocarlo, Gyobi le dio la espalda.
—Deberíais marcharos.
Dean frunció el ceño. Quería abrazarlo con todas sus fuerzas, dejar que llorara en su pecho hasta hartarse y decirle de nuevo, aunque fuera mentira, que todo iba a estar bien, pero el maldito momento no se lo permitía.
—¿Y tú qué harás?—le preguntó, sintiendo un pánico atroz a la respuesta.
Durante un momento, Gyobi se quedó en silencio. Dean sabía por qué, no podía mentirle pero tampoco quería decirle la verdad.
—Márchate, si la policía os encuentra tendréis problemas.
—No puedes volver, ¿verdad?—el cuerpo de Gyobi se puso tenso, confirmando sus sospechas—. Me lo dijiste, el mayor delito que puede cometer un nunmyo es matar a otro, y el castigo es la expulsión del mar, lo que suele significar la muerte—le tomó por los hombros y le dio la vuelta obligándole a mirarle. Con una expresión más seria que nunca, le preguntó lentamente—: Gyobi, ¿qué vas a hacer?
—Morir.
Su corazón dio un vuelco y sintió que sus entrañas se comprimían dolorosamente. En su mente tan solo apareció la negación absoluta.
—No voy a permitirlo, no pienso dejarte morir.
—No tengo otra opción, no puedo vivir en una bañera.
—Claro que tienes opción, encontraremos otra cosa. No necesitas agua salada así que podríamos llevarte a algún lago, hay lagos enormes en los que jamás te encontrarían ni aunque buscaran.
—Dean, todos los que son expulsados mueren pronto, incluso aquellos que intentan sobrevivir terminan muriendo, y no por no encontrar un sitio donde vivir, sino de soledad—tomó suavemente sus manos, envolviéndolas entre las suyas—. Vivimos toda nuestra vida en familia, somos una especie sociable, no podemos soportar la soledad. Sin nadie a nuestro lado no tiene sentido vivir.
—¿Yo no soy nadie?—Gyobi le miró confuso—. Escúchame, te llevaremos a un gran lago donde puedas vivir y, cuando terminemos con esta mierda del Apocalipsis, iré allí a vivir contigo, en una cabaña junto al lago, ¿qué te parece?—sonrió, era un sonrisa triste y desesperada, pero consiguió que el nunmyo se sintiera feliz simplemente con ver el amor que le profesaba—. No voy a aceptar un no por respuesta, te meteré a rastras en el coche si hace falta.
Con las lágrimas escapando de sus ojos, Gyobi se abrazó a él y comenzó a sollozar. El cazador le estrechó con fuerza entre sus brazos, procurando no tocar las graves heridas que aún sangraban. Fue un abrazo tan cálido que la criatura realmente sintió que todo estaba bien, que no necesitaba nada más. Si era junto a Dean, podía vivir incluso en una bañera.
Pero eso solo era un sueño que ambos sabían que nunca se haría realidad.
—Piensa que estoy ahí cuando veas el mar—le susurró antes de escaparse tan rápido de sus brazos que, cuando Dean reaccionó, ya era demasiado tarde, solo pudo ver su cola desaparecer en el agua.

Permaneció allí largos minutos gritando su nombre e intentando distinguir el brillo de su piel entre los reflejos de la luna, pero en el fondo sabía que no volvería a verle, que antes de que amaneciera ya habría muerto. Lo sabía, pero aún tardaría en aceptarlo así que siguió gritando.

FIN

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